La privacidad en el centro de la confianza ciudadana en la inteligencia artificial
El Observatorio Anual IAON 2026 revela que la protección de los datos personales es la principal preocupación de la ciudadanía española ante la inteligencia artificial. Un resultado que invita a reflexionar sobre las garantías necesarias para desarrollar una IA responsable y centrada en las personas.
Francisco Pérez Bes
La privacidad y el uso de los datos personales preocupan al 52,9 % de las personas encuestadas, por delante de la pérdida de empleo y la desigualdad económica (51,2 %) o la manipulación, la desinformación y los deepfakes (49,4 %). Estos datos muestran qué inquieta a la ciudadanía ante una tecnología que interviene en un número creciente de actividades y decisiones cotidianas.

Cuanto más utilizamos la IA más importa nuestra privacidad
El uso de la inteligencia artificial generativa continúa extendiéndose en España. Cerca de siete de cada diez personas encuestadas han utilizado estas herramientas, frente al 51 % de la edición anterior. El 39,1 % recurre a ellas a diario o varias veces por semana.
Esta evolución plantea una pregunta: ¿somos conscientes de los datos personales que compartimos al utilizarlas? En nuestras interacciones podemos facilitar información sobre el trabajo, las relaciones personales, la salud o las circunstancias económicas, a veces sin reparar en su carácter sensible o en que también afecta a otras personas.
Además de lo que introducimos, importa qué información recogen los servicios, para qué la utilizan, cuánto tiempo la conservan y quién puede acceder a ella. La combinación de fuentes y la elaboración de perfiles permite, además, inferir características personales que nunca hemos revelado expresamente.
Por eso, la protección de la privacidad debe incorporarse desde el diseño y mantenerse durante todo el ciclo de vida de los sistemas.
La confianza requiere garantías
Una mayor utilización de la IA puede coexistir con una actitud crítica ante sus riesgos. Las personas pueden apreciar su utilidad y exigir, al mismo tiempo, garantías sobre el tratamiento de su información.
La confianza depende también de que comprendan los servicios que utilizan, conozcan las consecuencias de hacerlo y dispongan de mecanismos efectivos para ejercer sus derechos. La protección de datos contribuye a que la innovación se desarrolle con garantías y responda a unas expectativas ciudadanas que incluyen transparencia y responsabilidad.
Del marco jurídico a su aplicación
El Reglamento General de Protección de Datos proporciona un marco para afrontar estos desafíos. Sus principios de licitud, lealtad, transparencia, limitación de la finalidad, minimización y responsabilidad proactiva se aplican al desarrollo y uso de sistemas de IA que tratan datos personales.
Cumplirlos exige determinar la finalidad y la base jurídica de cada tratamiento, evaluar los riesgos para los derechos y libertades y adoptar medidas técnicas y organizativas adecuadas. Cuando corresponda, será necesario realizar una evaluación de impacto relativa a la protección de datos antes de iniciar el tratamiento.
La protección de datos desde el diseño y por defecto exige incorporar estas garantías desde las primeras fases de desarrollo y configuración, cuando todavía pueden orientar las decisiones tecnológicas.
Por su parte, el Reglamento europeo de inteligencia artificial establece obligaciones específicas para determinados sistemas y usos, con un enfoque basado en el riesgo. Su cumplimiento no sustituye las obligaciones de protección de datos cuando resulten aplicables. Las organizaciones deben integrar ambos marcos en su gobernanza, atendiendo a las características de cada caso.
Una responsabilidad compartida
Los desarrolladores y proveedores deben incorporar garantías en sus productos, ofrecer información comprensible y adoptar medidas que reduzcan los riesgos para los datos personales.
Las empresas y administraciones que utilizan estas herramientas deben valorar su adecuación a las finalidades previstas, establecer reglas internas y evitar la introducción indiscriminada de información personal o confidencial en servicios que no hayan sido evaluados previamente.
La ciudadanía necesita información y formación para utilizarlas de manera consciente. Antes de compartir datos personales, conviene preguntarse si es necesario, qué condiciones ofrece el servicio y si existen alternativas que permitan realizar la tarea exponiendo menos información.
Las autoridades de protección de datos desempeñan un papel esencial para orientar, supervisar y ofrecer garantías efectivas. Promover el conocimiento de los derechos y proporcionar criterios de cumplimiento contribuye a que la innovación respete a las personas.
Innovar, sí. Pero respetando los derechos
El Observatorio IAON 2026 muestra que a la ciudadanía le preocupa qué ocurre con su información cuando utiliza inteligencia artificial. Responder a esta inquietud exige valorar la innovación también por su impacto en los derechos fundamentales y por las garantías que ofrece a quienes la utilizan o se ven afectados por ella.
La privacidad sigue siendo una condición esencial para que el avance de la inteligencia artificial sea compatible con una sociedad democrática y centrada en las personas.